Fw: [alai-amlatina] IV Flota Naval de EEUU en el Atlántico

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Fw: [alai-amlatina] IV Flota Naval de EEUU en el Atlántico

Bernardo Rozo

 

 

(.....2do. suspiro.....)

 
 
 
 
Bernardo Rozo López
Músico e Antropólogo
Atelier BerdeRtigo      [hidden email]
Rúa Macaubas #740      P. 2           CEP 41940250   Tel.   71-33464323        Salvador, Bahia (BR)


--- On Wed, 7/16/08, Alai-AmLatina <[hidden email]> wrote:
From: Alai-AmLatina <[hidden email]>
Subject: [alai-amlatina] IV Flota Naval de EEUU en el Atlántico
To: [hidden email]
Date: Wednesday, July 16, 2008, 2:20 PM

- - - Servicio Informativo "Alai-amlatina" - - -

Escopeta no es sonajero

José Luís Fiori

ALAI AMLATINA, 16/07/2005, Río de Janeiro.- “Se puede preguntar por qué 
un Estado más fuerte desearía atacar a uno más débil, pero ciertamente 
ese no es el punto. El hecho decisivo es que, en el nivel interestatal, 
la unidad mayor puede atacar a los grupos más débiles. Como no hay quien 
pueda impedir esos ataques, los grupos humanos más débiles viven en 
continuo e inevitable estado de inseguridad”

Norbert Elias, Envolvimiento y Alienación, Editorial Bertrand, Rio de 
Janeiro, 1990, p: 214

La reactivación de la IV Flota Naval de Estados Unidos, en la zona del 
Atlántico Sur, provocará un cambio radical y permanente, en las 
relaciones militares de EE UU, con América Latina. Fue por esto que 
sorprendieron tanto, las primeras explicaciones estadounidenses, 
respecto a la reactivación de su Flota - creada en 1943, y desmantelada 
en 1950 – que habría sido una simple decisión “administrativa”, tomada 
con objetivos “pacíficos, humanitarios y ecológicos”.

La mentira no es un pecado grave en el campo de las relaciones 
internacionales. Por el contrario, mentir o decir medias-verdades, con 
competencia, fue siempre un arte y una virtud esencial de la diplomacia 
entre las naciones. Por lo tanto, no fue esto lo que llamó atención, en 
la declaración de las autoridades estadounidenses, fue su falta de 
respeto por la inteligencia de los interlocutores, y su menosprecio 
respecto a la impotencia de los gobiernos afectados por su decisión. 
Incluso si hablase también de la necesidad de “combatir la piratería, el 
tráfico de drogas, de personas y de armas”, sin explicar, a la vez, 
porque que la IV Flota no fue reactivada durante la Guerra Fría, o 
incluso, después de la Revolución Cubana y de la Crisis de los Cohetes, 
de 1962, cuando el “flujo ilegal de armas y personas”, y el “tráfico de 
drogas” era igual o mayor que ahora. Por esto, tuvieron gran repercusión 
las declaraciones “correctivas”, de las autoridades navales de EE UU, 
efectuadas en la Base Naval Mayport, en Florida, el 11 de julio de 2008. 
En particular, el discurso inaugural del almirante Gary Roughead, jefe 
de Operaciones Navales de la Marina Americana, quien redefinió el 
objetivo principal de la nueva Flota, destinada a “proteger los mares de 
la región, de aquellos que amenazan el libre flujo del comercio 
internacional”, a la vez que advertía, a los incrédulos, que “nadie debe 
engañarse: porque esta flota estará lista para cualquier operación, a 
cualquier hora y dondequiera, en un máximo de 24 a 48 horas”.

Con respecto a la protección del comercio marítimo, todos los expertos 
saben que sólo tiene capacidad de proteger el “libre flujo del comercio 
mundial”, aquel que también tiene la capacidad de interrumpirlo. Es 
decir, quien tiene poder para proteger, también tiene el poder de 
excluir competidores, si fuere el caso, cuando se provoca la competición 
entre los estados y los capitales privados, como está aconteciendo, al 
iniciarse el siglo XXI. Después de casi una década de crecimiento 
continuo y acelerado, la economía mundial enfrenta en este momento, una 
disparada de los precios, de la especulación y de la escasez de algunas 
productos fundamentales, como es el caso del petróleo, de los alimentos 
y de los minerales estratégicos.

Y en este momento, ya está en curso una nueva “carrera imperialista”, 
entre las grandes potencias, que luchan por su seguridad energética y 
alimentaria, exactamente como aconteció al final del siglo XIX e inicios 
del siglo XX. Una competición que ya llegó a África, y deberá alcanzar 
América Latina, de forma todavía más intensa, gracias a sus recursos 
energéticos, a sus grandes reservas minerales e hídricas, y a su inmensa 
capacidad de producción alimentaria, muy superior a la de África. En 
particular, en el caso de Brasil, que deberá ser - pronto - el mayor 
exportador mundial de alimentos, y uno de los grandes exportadores de 
petróleo, además de ser el principal “propietario” de las aguas y de la 
biodiversidad amazónica. Existiendo un agravante, en el caso brasileño, 
desde el punto de vista de las autoridades norteamericanas: el hecho de 
ser el país que está liderando los procesos de creación de la Unión de 
Naciones del Sur (UNASUR) y el Consejo Suramericano de Defensa, 
organizaciones que excluyen a los EE UU y vacían el Tratado 
Interamericano de Asistencia Recíproca, y la Junta Interamericana de 
Defensa, que son controlados por los norteamericanos.

Esta historia, sin embargo, trae una lección importante para el futuro 
de América Latina, y de Brasil en particular. Hace un siglo, más o 
menos, el almirante y geopolítico Alfred Mahan, se destacó por su 
defensa militante de la idea de que los EE UU jamás sería una “gran 
potencia”, apoyándose únicamente en su desarrollo económico. Para tener 
estatuto internacional, requeriría de una escuadra naval capaz de 
proyectar el poder americano alrededor del mundo, como había hecho 
Inglaterra, en el siglo XIX [1]. El almirante Mahan ejerció gran 
influencia personal, sobre el presidente Theodore Roosevelt, a comienzos 
del siglo XX, y después se transformó en el mayor símbolo del poder 
naval americano, de todos los tiempos.

Con razón, porque menos de medio siglo después de su muerte, EE UU ya 
era el mayor poder naval de la historia de la humanidad, controlando 
todos los mares y océanos del mundo, con sus siete Flotas Navales. En 
este momento, Estados Unidos acaba de reactivar su IV Flota, pero podrá 
crear muchas otras, si quisiera, sin atentar contra el Derecho 
Internacional, sin necesidad de utilizar las aguas soberanas de otros 
estados, y sin necesidad de dar explicaciones a nadie. Obedeciendo sólo 
a sus cálculos estratégicos y a su poder de construir y distribuir 
barcos militares alrededor del mundo, como había propuesto Alfred Mahan.

Según el sociólogo alemán Norbert Elias, la dura verdad es que, “si 
algún Estado fuese más fuerte o se creyere más fuerte que sus vecinos, 
siempre habrá la posibilidad de que intente obtener ventajas, lo que 
puede ocurrir de diversas formas, hostilizándolos, haciendo exigencias o 
invadiéndolos y anexionándolos [..] y sólo existe una posibilidad de que 
un Estado con mayor poder de ejercer la violencia sea impedido de 
explotar al máximo su porción de poder relativo: él sólo puede ser 
reprimido por otro Estado equivalentemente fuerte o por un grupo de 
estados que consigan controlar las rivalidades entre sí en grado 
suficiente para favorecer su potencial combinado de poder”[2] 
(Traducción ALAI)

- José Luis Fiori es Profesor Titular de Economía Política Internacional 
del Instituto de Economía de la Universidad Federal de Río de Janeiro

Notas:

[1] Mahan, A.T. (1890/1987), The Influence os Sea Power Upon History 
1660-1783, Dover Pubçlications, Inc, New York,

[2] Elias, N.,(1990), Envolvimento e Alienação, Bertrand Brasil, Rio de 
Janeiro, p: 213 e 214


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